Construcciones y arquitectura

Oct 10, 2014 by

Construcciones y arquitectura

Uno de los alicientes que hacen que el viajero ocasional se decante por un determinado territorio, localización o país es el turismo cultural. La cultura, las edificaciones, construcciones, el arte son atractivos que desde siempre han entusiasmado y atraído a una pléyade de viajeros por todo el orbe.

Desde quienes ya en la época de los romanos visitaban las pirámides de Egipto, hasta la fascinación que provocaba el arte griego en la propia civilización romana, el arte, los oficios, la escultoras y la música han servido de elemento de comunicación entre pueblos y culturas.

Visitar León, disfrutar de su catedral gótica o darse un paseo por las calles de la eterna Roma, de Machu Pichu, o simplemente disfrutar de una iglesia de un remoto y minúsculo pueblo pueden ser suficientes atractivos como para que el viajero se decante por ese lugar.

Por qué nos atraen los edificios antiguos

La majestuosidad de algunos de estos elementos desborda nuestra imaginación y nos retrotrae a épocas pretéritas en las que la realidad, la leyenda y la ficción se entrecruzan.

La existencia de Troya fue un mito hasta ser descubierta, la Atlántida parece que no pertenece a la realidad y los jardines colgantes de Babilonia no pueden sacarse de la mente del viajero que ve arte de ese pueblo en el Museo Británico.

Nosotros, la generación de los teléfonos móviles chinos, del Seo, de internet y de la monótona construcción de casas en Bilbao, Madrid o Valladolid no podemos sino sorprendernos e impresionarnos con aquellos edificios majestuosos que hicieron nuestros antepasados.

El turismo cultural llega a lugares remotos

Desde cabañas en el Caribe hasta casas tradicionales en la Italia profunda, la Turquía anatólica o la remota camboya siempre es un placer para la vista, para los sentidos, para el conocimiento el pasear por esos lugares, el observar los materiales de construcción, el ver la armonía, o no tanta en la conjunción de los factores que implican que algo que se construye para vivir se mantenga en pie.

Ser capaz de apreciarlo, de disfrutarlo o de respetarlo hace que el viajero se sienta más libre, más cómodo y en definitiva, más viajero.

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